sábado, 8 de agosto de 2026

Entre lo que digo y lo que lees


El otro día me topé de nuevo con esta reflexión que, seamos sinceros, tiene ya sus años y seguro que en más de una ocasión todos la hemos leído.

Entre lo que pienso, 

lo que quiero decir, 

lo que creo decir, 

lo que digo, 

lo que quieres oír, 

lo que oyes, 

lo que crees entender, 

lo que quieres entender, 

lo que entiendes, 

Existen nueve posibilidades de no entenderse. 

Esa cita, desde la primera vez que la leí siempre me ha gustado mucho. Refleja a la perfección lo fácil que resulta en ocasiones malentenderse sin querer y ahora, al volver a encontrarme con ella, me ha llevado a otra vuelta de tuerca. 

Sobre todo aquellos que, al igual que yo, ya peinan alguna cana (pero no muchas ¿eh?) los que hemos vivido en primera persona la transición del teléfono fijo al WhatsApp, tenemos claro que en cuestión de pocos años, la comunicación ha cambiado drásticamente. Donde antes quedábamos para tomar un café o invertíamos tiempo en lo que hoy sería una llamada de voz (que en su momento, tampoco es que las hubiera de otro tipo) para hablar cualquier cosa, ahora recurrimos cada vez más a la aplicación de mensajería de turno. 

Pero si ya en diálogo cara a cara es sencillísimo que de vez en cuando salten chispas por un malentendido, cuando esa comunicación pasa a ser mayormente escrita, la probabilidad de meter la pata se multiplica infinitamente.  

El problema es que, cuando nos comunicamos por medio de un teclado, nos falta cómo un 90% de la información a la que en una conversación "en vivo" sí tenemos acceso (igual con el porcentaje me he pasado un poco, pero tampoco creo andar tan desencaminada). Cuando hablamos con alguien en persona, da igual si como emisor o receptor,  nos apoyamos en la comunicación no verbal, los microgestos y la entonación. Pequeños matices que, aún usando exactamente las mismas palabras, pueden cambiar completamente el sentido de lo dicho. 

Cuando decimos "¡Qué bien!" nuestra mirada, el tono de voz y nuestra sonrisa (o la ausencia de ella) le pueden dar un significado u otro a esas dos palabras. Pero, si lo escribimos, el receptor no tiene nada eso, solo tiene dos palabras desnudas. En un mensaje de texto, un "gracias" puede sonar sincero o frío, un "no pasa nada" reconfortante o distante y un "como quieras" a concesión o directamente amenazante. Y ya podemos poner todos los emoticonos y aclaraciones que queramos, que no es lo mismo. En cualquier momento entra en juego nuestro "cerebro dramático" para montarse su propia película sobre lo que el otro quiso decir o no quiso decir. Esa parte de nuestra mente que, cuando faltan datos reales, los inventa y rellena con nuestros miedos, inseguridades y el recuerdo de aquella vez que alguien dijo "está todo bien" justo antes de romper con nosotros. 

En resumen, la comunicación ya es complicada de por sí, pero por escrito puede ser un auténtico campo de minas. Quizá precisamente por eso puede merecer la pena hacer una pequeña pausa antes de darle a "enviar", revisar si lo que vamos a decir es lo que realmente queremos transmitir y, ante la duda, preguntar antes de montarnos nuestra propia película.  

La comunicación, al fin y al cabo, es un arte y como todo arte, requiere un poco de práctica y un mucho de paciencia.

6 comentarios:

  1. Menudo melón interesante. Yo soy de esa generación también, que hacíamos el intrépido y llamábamos al portero para ver si el colega de turno bajaba o sino te decian que ya estaba abajo y tú sabias donde acudir sin preguntar.
    Muchas veces uno quiere decir una cosa y aunque relea, entramos en la complicación de la comprensión lectora de cada uno y también en el contexto, conociendo a la persona siempre es mejor a la hora de entender el texto que te manda y saber cuando esta de coña o en serio pero si, a día de hoy es mas fácil liarla con alguna palabra un poco bailarina.
    Un beso!

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    1. Menos mal que de esa generación todavía quedamos un porrón de gente :)
      Tienes muchísima razón en que conocer a la persona en cuestión, ayuda a "liarla" un poco menos. Pero basta que esa persona tenga un mal día (o que lo tengas tú) para que las probabilidades de que el mensaje igual ya no se recibe con la misma intención que con la que fue escrito. Y si ya entra en juego la combinación prisas + autocorrector ... ¡Sálvese quien pueda!
      Gracias por pasarte Morella y un gran abrazo

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  2. Hola, Flossy, cuando he leído el titulo, justo iba a buscar la cita que has puesto, jeje, a mí también me gusta mucho y explica a la perfección lo que es la comunicación. En el lenguaje escrito, efectivamente, hay que aventurarse a interpretar, aunque yo sí creo que los emoticonos suplen bastante bien esa carencia. Pero donde esté una conversación cara a cara que se quite lo demás.
    Me ha encantado lo de que la comunicación es un arte 😍
    Un abrazo. 🤗

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    1. Esa cita, es que resume a la perfección cómo funciona el juego del teléfono roto.
      No estoy afirmando que los emoticonos no ayuden, al contrario. Los pobres hacen lo que pueden y menos mal ... que sin ellos si que habría muchísimos más malentendidos.
      Ahora, cómo tú bien dices, nada como una conversación cara a cara.
      Un gran abrazo.

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  3. Aunque sea tarde, o puedo estar más de acuerdo.

    Se echa en falta muchas veces ese cara a cara que permite interpretar el tono en el que alguien lo dice. Por escrito, si, te da más tiempo a plantear como decirlo. Pero el tono .... Ay el tono

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    1. Que va, para nada es tarde. :)
      Coincido contigo en que si, en la comunicación escrita tienes mucho más tiempo para plantearte cómo decir algo, cómo crees que debería de sonar, de corregir, borrar, reescribir ... Pero en la comunicación cara a cara, en vivo, tienes todo eso que la escrita no tiene. El tono, los gestos, la expresión de la cara ... y aún así, a veces surgen malentendidos.

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